miércoles, 20 de agosto de 2014
Carlos III y la reconstrucción de España
Espaá¤áa, 14.12.1788 -œ Carlos III (* Madrid, 20.1.¬1716) fallece en la capital de Espaá¤áa. Rey de Espaá¤áa desde 1759, y rey de Ná ápoles-Sicilia (1735-59) con el nombre de Carlos IV, le sucede su hijo Carlos (IV).
El reinado de Carlos III se inicia con grandes esperanzas. Cuando accede
al trono tiene ya cuarenta y cinco aá¤áos y una larga expe¬riencia como gobernante. Carlos III es el mejor rey del s XVIII, no ya por su inteligencia, normal, ni por su entrega a las tareas de gobierno (una o dos horas diarias frente a la casi dedicaciá¢án exclusiva a la caza), sino por la sabidurá¡áa al elegir a sus colaboradores
y por su firme volun¬tad, que le permite dominar cualquier problema. Junto
a esto, un cará ácter amable y una vida
privada ejemplar le granjean el respeto de sus sá£ábditos, contentos con un
rey capaz y en posesiá¢án de sus faculta¬des mentales.
Su reinado quiere conseguir la reconstrucciá¢án de Espaá¤áa.
En polá¡ática exterior, se impone la conservaciá¢án de las colonias america¬nas, amenazadas por los britá ánicos. Para ello precisa aliarse con Francia
(tercer pacto de familia, 17.8.1761),
con resulta¬dos desigua¬les. En la paz
de Pará¡ás (10.2.1763), pierde la colonia de Sacramento y Florida, aunque,
en compensaciá¢án, recibe de Francia la
Luisiana y recupera Manila y La Habana. En la paz de Versalles (3.9.1783), recupera Menorca y Florida, pero no Gibraltar, enclave esencial para el
dominio del estre¬cho. Pero ademá ás, especialmente con Floridablanca, hay un empuje importante a la diplomacia espaá¤áola. Se inician relaciones con Portugal, Prusia, Turquá¡áa, Marruecos,
Argelia y Tá£ánez, e incluso conversaciones con el imperio de los zares.
En polá¡ática interior, es patente el sello reformista de Carlos III, con ministros como Esquilache, Florida¬blablanca, Campomanes o Aranda, y el apoyo
de los cá¡árculos ilustrados y de la naciente burguesá¡áa.
Tras el motá¡án de Esquilache (1766), las reformas se imponen de forma má ás paulatina, pero sin descanso. Se expulsa a los jesuitas (1767), y se somete a la Inquisiciá¢án al control real.
Se intenta proteger a la agricultura
(disminuciá¢án de bienes vinculados y manos muertas, reducciá¢án de los privilegios de la Mesta), y a la industria
y el comercio, restrin¬giendo las prerroga¬tivas de los gremios y suprimiendo las aduanas y trabas interiores,
asá¡á como autori¬zando la libertad de comercio con Amá‚árica (1765-78), baza esencial para el auge econá¢ámico. En el
campo de la hacienda pá£áblica, se impone una normalizaciá¢án y regulaciá¢án de
los impuestos y la bá£ásqueda de una igualdad social con el pago de impuestos por parte de la nobleza y el clero. Tambiá‚án se toman important¬es medidas en la reforma de la adminis¬traciá¢án de justicia, del ejá‚árcito (Ordenanzas de 1768) y la marina.
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