lunes, 25 de agosto de 2014

Argentina recupera la democracia


Buenos Aires, 30.10.1983 - œHoy, casi 18 millones de argentinos
han acudido a las urnas para elegir a su presidente, finalizando
asá¡á un perá¡áodo de dictadura militar que durante siete aá¤áos asolá¢á
al paá¡ás. Contra todo proná¢ástico, Raá£ál Alfonsá¡án representante de
la Uniá¢án Cá¡ávica Radical, ha logrado la mayorá¡áa absoluta por lo
que el prá¢áximo dá¡áa 10 se convertirá á en el nuevo presidente argentino.
En estas elecciones, como en otras vividas en el paá¡ás, peronistas
y radicales se disputaron el poder. Se pensaba que ninguno de los
dos obtendrá¡áa la victoria absoluta. Pero se preveá¡áa que el triunfo
no será¡áa del justicialismo, ya que no lográ¢á en estos aá¤áos desprenderse
de la dependencia hacia su fundador fallecido y le pesaba, en la opiniá¢án de los futuros electores, el hecho de que ciertos sectores
del movimiento mantuvieran con los militares una relaciá¢án compla­ciente. Por otro lado el radicalismo se ha modernizado y decantado
polá¡áticamente hacia una socialdemocracia de corte europeo. Pero
no ha sucedido asá¡á. Alfonsá¡án ha obtenido el 52 % de los votos y
un gran triunfo en la provincia de Buenos Aires, la má ás poblada y
un bastiá¢án histá¢árico del justicialismo. Este á£áltimo consiguiá¢á el
40 %. Su candidato, Italo Argentino Luder declará¢á, al enterarse
de la derrota, que colaborará¡áa con el orden democrá ático desde la
oposiciá¢án.
La retirada de los militares del poder, que ha permitido hoy la
celebraciá¢án de las elecciones, no se consiguiá¢á, como es de suponer,
por los ideales democrá áticos de á‚ástos, sino por el enorme fracaso
de su gobierno, por el desprestigio e indignaciá¢án popular que
supuso la guerra de las Malvinas y por la presiá¢án incontenible de
un pueblo cansado de sufrir y ansioso por recuperar lo perdido.
La dictadura en Argentina comenzá¢á en marzo de 1976, cuando el
gobierno de Isabel Perá¢án fue derrocado por un golpe militar. El
general Jorge Rafael Videla, presidente de la primera junta
militar, fue el encargado de poner en marcha el proceso destinado
a lograr la identificaciá¢án del estado con las fuerzas armadas y
la aplicaciá¢án de la doctrina de la seguridad nacional, en nombre
de la cual se cometieron crá¡ámenes de lesa humanidad. La sociedad
civil fue desestructurada en sus medios de protesta por la prohibiciá¢án
de partidos y sindicatos, por el recorte total de las libertades
fundamentales y por la actuaciá¢án de grupos paramilitares y del
mismo ejá‚árcito que arrojá¢á un cá£ámulo de desaparecidos. El sucesor
de Videla fue el general Viola. Durante su mandato, a causa de la
gravá¡ásima situaciá¢án econá¢ámica y social heredada del gobierno
anterior, comenzá¢á a manifestarse una cierta efervescencia popular
que le obligá¢á a realizar ciertas concesiones. Por esas fechas, el
jefe de las fuerzas armadas, Leopoldo Galtieri, atraá¡ádo por la
polá¡ática del presidente norteamericano Reagan, ofreciá¢á a á‚áste la
ayuda del ejá‚árcito argentino para su polá¡ática de represiá¢án en
Centroamá‚árica. Apoyado por un sector del ejá‚árcito favorable a la
realizaciá¢án de una guerra que permitiese acabar con la impopularidad
de la junta, mediante complicadas maniobras lográ¢á desbancar a
Viola. El estado del paá¡ás era muy grave. Sobre los militares
argentinos caá¡áa la responsabilidad del desbarajuste econá¢ámico, el
empobrecimiento de la poblaciá¢án, la indignaciá¢án por el intento de
dar por muertos sin ningá£án tipo de explicaciones a los desaparecidos,
y una creciente resistencia popular que sá¢álo podá¡áa ser contenida
a travá‚ás de la represiá¢án. De ahá¡á que abogaran por un conflicto
bá‚álico como forma de internacionalizar los problemas. La guerra
de las Malvinas debá¡áa conseguir esos objetivos. Pero la derrota
que sufrieron les imposibilitá¢á el cumplimiento de lo que se
habá¡áan planteado y ademá ás provocá¢á su rá ápida retirada del control
del gobierno. Asá¡á, supieron dirigir una cobarde guerra sucia
contra gran parte de la poblaciá¢án y no supieron ganar una autá‚ántica
guerra. Lo hicieron tan mal que calcularon errá¢áneamente la respuesta
que Gran Bretaá¤áa dará¡áa a la invasiá¢án. La prueba está á en que
Galtieri declará¢á, una vez iniciado el conflicto, que no pensaba
que los ingleses movilizará¡áan su flota hasta las Malvinas. Tampoco
comprobaron quiá‚ánes eran sus aliados. Galtieri confiaba en que Reagan le devolverá¡áa los favores recibidos por su colaboraciá¢án en
Centroamá‚árica -donde el ejá‚árcito argentino hizo el trabajo sucio
a los norteamericanos- apoyá ándolo en contra de Inglaterra. La
derrota provocá¢á, ademá ás de má ás muertes injustificadas, la disoluciá¢án
de la unidad militar, que significá¢á su fin; y una radicalizaciá¢án
de las protestas populares. El general Bignone fue el encargado
de poner en prá áctica el proceso que llevá¢á a las actuales elecciones
y de lograr la vuelta del poder a manos de los civiles con el
menor coste para el ejá‚árcito.
Finalmente, las consecuencias de estos siete aá¤áos de dictadura
son las de un paá¡ás en plena crisis moral y material. De la guerra
sucia perpetrada con saá¤áa por los militares, con el apoyo de una
parte de la poblaciá¢án que se beneficiá¢á con su polá¡ática, han
quedado miles de muertos, desaparecidos y torturados. La brutal
represiá¢án permitiá¢á llevar a la prá áctica los planes econá¢ámicos de
la Escuela de Chicago, que ha producido una inflaciá¢án no superada
por ningá£án paá¡ás del mundo, una paralizaciá¢án casi total de la
actividad econá¢ámica y una deuda externa de 40 000 millones de
dá¢álares. Cruda realidad que deberá á ser afrontada por el nuevo
presidente.
La alegrá¡áa por la recuperaciá¢án de la democracia en Argentina no
se vive sá¢álo aquá¡á, sino tambiá‚án en Chile, Uruguay y en Brasil,
donde la poblaciá¢án espera que el ejemplo se extienda.

”Buenos Aires se engalana para la investidura de Raá£ál Alfonsá¡án

El presidente saluda desde el cabildo•

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