miércoles, 20 de agosto de 2014
Cae la Bastilla, símbolo del despotismo
Pará¡ás, 14.7.1789 -œ La poblaciá¢án de
Pará¡ás asaltá¢á hoy la fortaleza de la
Bastilla, prisiá¢án estatal convertida
en sá¡ámbolo del absolutismo. Tras un
duro y sangriento combate, la Bastilla
ha caá¡ádo en poder de los insurrectos.
Entrelos antecedentes de este hecho,
que configura la primera apariciá¢án
directa de las masas en la historia
de Francia, figura la negativa del rey
Luis XVI a acatar las resoluciones
de la Asamblea nacional. El monarca
habá¡áa hecho concentrar tropas en
torno a Pará¡ás y al palacio de Versa-
lles, y habá¡áa destituido al ministro
liberal Jacques Necker. Las medidas
del monarca irritaron profundamente
a la poblaciá¢án parisina y obligaron
a cerrar la Bolsa, mientras algunos
oradores, entre los que destaca Cami-
lle Desmoulins, improvisaban asambleas en las calles. Los representan-
tes del tercer estado, por su parte,
organizaron con urgencia una milicia
ciudadana, mientras la poblaciá¢án exi-
gá¡áa la entrega de armas. Esta maá¤áana
circulá¢á la noticia de que se estaban
repartiendo fusiles en los Invá álidos
y hacia allá¡á convergiá¢á una multitud
enfervorizada. Poco despuá‚ás, de mane-
ra espontá ánea, el gentá¡áo se puso en
marcha, desde distintos puntos de la
ciudad, hacia el barrio de Saint An-
toine, donde se levantan las omino-
sas torres de la Bastilla. A las tres
de la tarde comenzaron los combates:
cuando la multitud se agolpá¢á fren-
te a la puerta principal de la cá ár-
cel, dotada de un puente levadizo,
el comandante de la fortaleza, el
marquá‚ás de Launey, dio orden de dis-
parar. En ese momento, buena parte de
la guarniciá¢án de la Bastilla habá¡áa a-
bandonado la defensa. Despuá‚ás de tres
horas de combate, durante las cuales
los sitiadores sufrieron 160 bajas,
los disparos de la multitud se con-
centraron en la puerta principal y el
comandante Launey no tardá¢á en anun-
ciar su rendiciá¢án. La cá árcel quedá¢áÜj Ü entonces a merced de los atacantes,
que se apresuraron a liberar a los
prisioneros y a desarmar a los guar-
dias. En los confusos momentos que
siguieron, el comandante Launey fue
muerto de un disparo, mientras los
soldados que se habá¡áan rendido queda-
ban presos en el ayuntamiento. El e-
pisodio de hoy contiene varios ele-
mentos trascendentes: el primero de
ellos, la evidencia de que secto-
res importantes de las fuerzas arma-
das no está án dispuestos a disparar
contra la poblaciá¢án. Por otra parte,
se sabe que la noticia de la caá¡áda de
la Bastilla en manos del pueblo ha
provocado estallidos revolucionarios
en el interior de Francia. Todo in-
dica que, despuá‚ás del episodio vivi-
do hoy en Pará¡ás, Francia ya no volve-
rá á a ser la misma, y que la monarquá¡áa
tiene los dá¡áas contados. Es evidente
que el ataque espontá áneo de las ma-
sas contra la Bastilla constituye un
juicio definitivo sobre el rá‚ágimen
absolutista imperante. La Bastilla,
construida a partir de 1370, se con-
virtiá¢á bajo el gobierno de Richelieu
en prisiá¢án del estado. En ella se en-
cerraba a los acusados de oponerse al
rey o a la administraciá¢án; el rá‚ágimen
carcelario era especialmente odioso:
los presos no eran sometidos a inte-
rrogatorio ni a acusaciá¢án alguna y no
podá¡áan hablar con sus guardianes. El
ingreso en la Bastilla constituá¡áa u-
na decisiá¢án del rey, y no estaba so-
metida a ninguna normativa jurá¡ádica.
En esas condiciones pasaron por la
prisiá¢án Voltaire, Fouquet, Bassompie-
rre y centenares de escritores, polá¡á-
ticos y militares. Desde hacá¡áa largos
aá¤áos, la Bastilla constituá¡áa un sá¡ám-
bolo del absolutismo, un muro que se
alzaba ante quienes reclamaban el de-
derecho a pensar y a expresarse li-
bremente. Se sabe ahora que el rey,
ante los hechos consumados, se dis-
pone a ejecutar una nueva maniobra
dilatoria: ordenará á la retirada de
las tropas acantonadas en torno a
Versalles y restituirá á en su cargo
al ministro Necker. Se indica asimis-
mo que, a fin de preservar la insti-Üj ÜŒtuciá¢án moná árquica, Luis XVI está á dis-
puesto a trasladar su residencia a
Pará¡ás, a reconocer la soberaná¡áa del
pueblo e incluso a adoptar la enseá¤áa
tricolor de los rebeldes. No podrá á,
sin embargo, despojar a las masas
parisinas del papel protagá¢ánico que
han asumido hoy.
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