viernes, 22 de agosto de 2014

China expulsa a los manchúes


China, 1.11.1911 - œEl movimiento rev­olucionario, que cue¬nta con largos a­ntecedentes histá¢áricos, ha desembocado
en la proclamaciá¢án de la repá£áblica y
la expulsiá¢án del á£áltimo emperador m­anchá£á, Hsááang Tung.
El malestar popular se ha manifestado
vio¬lentamente desde mediados del siglo
pasado, debido a los desastres nacio­nales, la desorganizaciá¢án administra­tiva y gubernamental y el inveterado
odio del pueblo contra la casta impe­rial manchá£á. El descontento ha provo­cado el desarrollo de organizaciones
secre¬tas revolucionarias, dirigidas
por in¬telectuales que desean la implan­taciá¢án de reformas polá¡áticas y sociales
en el paá¡ás. La principal es el Kuomin­tang, que, fundado en 1907 y liderado
por Sun Yat Sen, tiene su principal
á área de difusiá¢án en el sur.
La tensiá¢án se ha acentuado desde el
10.10.1911, cuando fuerzas militares
rebeldes ocupan el palacio del gober­nador de la ciudad de Wu-chang, procla­man la repá£áblica y animan a todas las
provincias chinas a sublevarse contra
el emperador. El movimiento revolucio­nario se extiende rá ápidamente por todo
el paá¡ás, mientras el gobierno intenta
dividir a los rebeldes ofreciendo re­formas. Asá¡á, el 30 de Octubre, se anun­cia el propá¢ásito de proclamar una nueva
cons¬tituciá¢án que excluirá¡áa al mismo
tiempo a la nobleza y a los partidos
polá¡áti¬cos. Esta propuesta es rechazada
por los sublevados, quienes aspiran a
la implantaciá¢án de una democracia par­la¬mentaria.
A finales de diciembre abdica el em­perador Hsááan Tung y el 1.1.1912 es
nombrado presidente provisional de la
repá£áblica Sun Yat Sen. Pero el nuevo
rá‚ágimen, en lugar de provocar la uni­ficaciá¢án del estado, determina el co­mienzo de una terrible y larga crisis.
La guerra que se inicia entonces supone
el estallido de la estructura secular
de China, que cuenta con 400 millones
de habitantes. El pacifismo confucianoÜj Ü deja de ser un culto y, en su lugar,
se impone una nueva ideologá¡áa que se
basa en la fuer¬za. Este hecho explica
la apariciá¢án de numerosos ejá‚árcitos
nacionales y locales: el del Kuomin­tang, el de los comunistas, el de los
mandarines del Norte, el de los sá átra­pas manchá£áes, etc.
Las luchas dislocan el antiguo imperio:
en Manchuria se implanta un rá‚ágimen
autoná¢ámico favorable a Japá¢án; Mongolia
Exterior y Sinkiang caen bajo la influ­encia de Rusia y en el Tibet se instala
una especie de protectorado britá ánico.
Mientras, en el centro com¬baten dos
gra¬ndes grupos: el de los terratenien­tes del Norte, dirigidos primero por
Yuang Che Kai y luego por los generales
Tsao Kuen y Chang Tso¬-lin y el de los
demá¢á¬cratas del Sur, integrados en el
movi¬miento nacionalista Kuomintag.
En 1925, los nacionalistas se imponen
y ocupan Peká¡án.

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