Pará¡ás, 11.7.1789œ - œEl rey Luis XVI cesa al inspector general de Finanzas,
Jacques Necker, y a los ministros liberales del gabinete; la medida no hace má ás que acentuar la efervescencia
revolucionaria que vive la capital francesa. En los medios populares se teme que el rey intente un golpe de fuerza contra la Asamblea Nacional. Estos temores parecen justificados por
la actitud de la aristocracia, que se
niega de plano a renunciar a sus pri-
vilegios, y por el hecho de que el monarca haya concentrado en las cer-
caná¡áas de Pará¡ás y Versalles a unos
20 000 guardias. El aumento constan-
te del precio del pan y de los prin-
cipales alimentos, en buena parte co-
mo consecuencia de la desastrosa co-
secha del aá¤áo pasado, contribuye a
agitar el clima polá¡ático: se suceden
los desá¢árdenes y los ataques contra
los aristá¢ácratas y los grandes comer-
ciantes, sospechosos de acaparar el
trigo. El malestar social imperante
en la capital francesa se expresa, en
tá‚árminos polá¡áticos, en la exigencia
-que cuenta con una mayorá¡áa cada vez
má ás acentuada en la Asamblea nacio¬nal- de una nueva constituciá¢án que
limite los poderes del rey. El movi-
miento revolucionario aparece enca-
bezado por la burguesá¡áa, que exige
la anulaciá¢án de los privilegios feu-
dales, la igualdad jurá¡ádica de todos
los ciudadanos y la libertad econá¢ámi-
ca para el comercio y la industria.
Al mismo tiempo, repercute fuertemen-
te en Pará¡ás el alzamiento generali-
zado en las regiones rurales, en re-
clamo de la anulaciá¢án de los diezmos
y otras prestaciones que los campesi-
nos deben a los terratenientes y al clero. En la capital francesa, las masas exigen armas para acabar con las
conjuras de la aristocracia.
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