martes, 19 de agosto de 2014

El atractivo de la gran ciudad

Europa, h 1750

Londres - œEl ná£ámero de habitantes de
todas las ciudades europeas se ha
incrementado de manera notable en el
transcurso del á£áltimo siglo. Al mismo
tiempo, se ha registrado una intensa
migraciá¢án desde las zonas rurales,
donde las condiciones de vida en poco
se diferencian de las que imperaban
durante la edad media. La capital
britá ánica, considerada el centro
urbano má ás moderno del continente,
presenta un aspecto que hubiese
resultado increá¡áble cien aá¤áos
atrá ás: los palacios de la nobleza se
han convertido en grandes casas de
comercio, a cuyos costados se
levantan edificios de confortables
viviendas de alquiler; las calles
cá‚ántricas disponen de limpias aceras
y permanecen iluminadas por las
noches. Este á£áltimo adelanto es
desconocido todavá¡áa en Pará¡ás, pero no
en Viena. Y en los concurridos cafá‚ás
de la ciudad austrá¡áaca se puede leer
la prensa diaria y jugar al billar o
al ajedrez. En los arrabales de estas
y otras ciudades europeas, en cambio,
se concentra la miseria: antiguos
campesinos en busca de trabajo,
artesanos arruinados y una nueva
clase social: el proletariado urbano.
El ná£ámero de habitantes en las
grandes urbes es, en 1750, á‚áste:
Amsterdam, 200 000; Amberes, 50 000;
Berlá¡án, 100 000; Bruselas, 70 000;
Dublá¡án, 150 000; Frankfurt del Main,
50 000; Hamburgo, 75 000; Liverpool,
70 000; Lisboa, 130 000; Londres, 750
000; Lyon, 100 000; Madrid, 130 000;
Milá án, 110 000; Manchester, 65 000;
Munich, 35 000; Ná ápoles, 310 000;
Pará¡ás, 400 000;Roma, 140 000;
Sevilla, 80 000; Venecia, 140 000, y
Viena, 180 000.-

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