Pará¡ás, 8.6.1794 -œ El presidente de
la Conven¬ciá¢án, Maximilien de Robespierre, celebra en el jardá¡án de las
Tullerá¡áas la fiesta del ser supremo.
Seguidor de Jean-Jacques Rousseau,
Robespierre rechaza el ateá¡ásmo, al
que considera una actitud propia de
los ricos, y se propone fundamentar
la razá¢án de estado en un nuevo culto
religioso, que pone en un mismo plano
los derechos del hombre y la inmortalidad del alma. Los numerosos enemigos de Robespierre critican duramente
al jefe revolucionario, a quien atribuyen la intenciá¢án de buscar bases
teolá¢ágicas que justifiquen su dictadura.
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