viernes, 22 de agosto de 2014

El gas invade las trincheras


Bá‚álgica, 22.4.1915 - œEl ejá‚árcito alemá án
utiliza por primera vez, en las trin­cheras de avanzada entre Langemarck e
YpráŠás, un arma quá¡ámica de terribles e-
fectos: el gas tá¢áxico. El ataque fue
lanzado en una extensiá¢án de unos seis
kilá¢ámetros y devastá¢á las posiciones
francesas: un ná£ámero considerable de
soldados muriá¢á en el acto, y muchos
de los que consiguieron huir en el pri­mer momento murieron luego en medio
de vá¢ámitos de sangre. La nueva arma
alemana, el gas clorado, ha sido pues-
ta a punto por cientá¡áficos del Insti-
tuto Ká áiser Guillermo, de Berlá¡án. A
pesar de todo, los alemanes no consi
guieron aprovechar la ventaja, porque
carecá¡áa de hombres suficientes para
lanzar una ofensiva de gran enverga-
dura a travá‚ás de las lá¡áneas abiertas
por el gas tá¢áxico. En el frente occi-
dental, a pesar de los ataques france­ses para recuperar posiciones en Notre
-Dame-de-Lorette, el frente se mantuvo
estable, empantanado en una guerra de
trincheras sin salida visible. La ofen­siva de invierno lanzada por los fran­ceses en Champagne habá¡áa fracasado.
En septiembre-noviembre, las posiciones
de ambos bandos se anquilosan y los
alemanes no consiguen pasar a la ofe­nsiva en la regiá¢án. Pero ya en los p­rimeros meses de 1915, el nuevo jefe
del estado mayor alemá án, general Enrich
von Fal¬kenhayn (1861-1922), habá¡áa re­suleto lanzar un ataque decisivo en
el frente este y terminar con la ame­naza rusa sobre Stanislawow y Przmysl;
con la ayuda de las tropas austrohá£án­garas del sur, los ejá‚árcitos de Hind­enburg y Mackensen detuvieron a los
rusos, los obligaron a evacuar Prusia
oriental y Polonia, y restablecieron
la totalidad del frente. De esta manera
alejaron toda amena¬za oriental por un
largo perá¡áodo. En cambio, no consigu­ieron profundizar su ofensiva, porque
en el frente occiden¬tal la guerra de
posiciones comenzaba a salir de su e­stancamiento. El general Falkenhayn,
que no tuvo dificultades para detenerÜj Ü una nueva intentona francesa en C¬ham­pagne y Artois, debá¡áa distraer gr¬andes
cuerpos de ejá‚árcito para desba¬ratar
las empresas aliadas en los es¬trechos
y en los Balcanes. En el bando aliado,
los britá ánicos se agregaron por primera
vez en 1915 a la direcciá¢án militar del
bando aliado, hasta ento¬nces en manos
de los france¬ses. El general Horatio
Herbert Kitche¬ner (1850-1916), que h­abá¡áa organizado a las fuerzas armadas
britá ánicas, se negá¢á a enviar el grueso
de sus fuerzas a reforzar las posici­ones francesas; su plan consistá¡áa en
atacar a Alemania a travá‚ás de los pu­ntos dá‚ábiles de su dispositivo de de­fensa. Esta estrategia, que dispersaba
peligrosamente los esfuerzos aliados,
comenzá¢á a ponerse en prá áctica con el
desembarco en el golfo Pá‚ársico, a fin
de atacar Turquá¡áa y afianzar las pos­iciones britá ánicas en el Oriente medio.
Tras las difá¡áciles expediciones de los
Dardanelos y Salá¢á¬nica, los ejá‚árcitos
britá ánicos ocuparon finalmente el Af­rica suroccidental alemana. Mientras
tanto, las fuerzas francesas, al mando
del mariscal Joseph Joffre (1852-1931),
se empeá¤áaban una y otra vez (Artois,
Champagne, Argonne, los Vosgos) inut­ilmente en expulsar a los alemanes del
territorio nacional.
El á£ánico triunfo conseguido en este
terreno por los aliados, fue polá¡áti-
co: consistiá¢á en la entrada de Italia
en la guerra. Sin embargo, la creaciá¢án
de un frente italiano en el Trentino
no bastá¢á para desnivelar la situaciá¢án.
A pesar de los decepcionantes resulta-
dos de la campaá¤áa militar de 1915, a-
parecá¡áa ya en el horizonte un dato que
resolverá¡áa el conflicto: las notables
mejoras en el aparato industrial-mili­tar de los aliados, cuya superioridad
respecto al alemá án no tardará¡áa en po­nerse de manifiesto.

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