viernes, 22 de agosto de 2014
La guerra de los torpedos
Berlá¡án, 1915 - œEl torpedo, un arma inventada en 1870 pero que sá¢álo adquiere
todo su mortá¡áfero despliegue durante
la Primera guerra mundial, convierte
a los submarinos alemanes en una de
las grandes pesadillas del bando alia-
do. Entre 1906 y 1910, los astilleros
alemanes construyeron la serie de sub-
marinos ”Desiderata•, cuyos navá¡áos alcan-
zaban una velocidad de 15 nudos en su-
perficie y 10,5 en inmersiá¢án, dotados
de tubos lanzatorpedos de 55 cm de ca-
libre. En total, durante el conflicto,
Alemania dispuso de 400 de estos sub-
marinos, que destruyeron 11 millones
de toneladas de navá¡áos aliados y fue-
ron uno de los medios má ás eficaces pa-
ra contrarrestar en parte la evidente
superiori¬dad que, desde hacá¡áa mucho
tiempo, mantená¡áa la flota britá ánica.
Uno de los episodios decisivos de la
guerra fue el torpedeo y hundimiento
del transatlá ántico britá ánico ”Lusitania•,
el 7.5.1915. El submarino alemá án ”U 20•,
que navegaba a pocas millas de la costa
sureste de Irlanda, avistá¢á a mediodá¡áa
al navá¡áo, de 32 000 toneladas; a las
14.33, el submarino lanzá¢á un torpedo
que alcanzá¢á al Lusitania en la proa;
poco despuá‚ás, un segundo impacto sa-
cudiá¢á al navá¡áo, que comenzá¢á a hundir-
se rá ápidamente. De los 1 959 pasajeros
que viajaban a bordo, sá¢álo conseguirá¡áan
salvarse 700. Este trá ágico suceso tendrá¡áa importantes repercusiones en el
curso de la guerra: 128 de las vá¡áctimas
eran norteamericanas (entre ellas figu-
raba el cá‚álebre millonario Alfred G.
Vander¬bilt), y este hecho sirviá¢á para
reavivar las tendencias que, en el in-
terior de Estados Unidos, propugnaban
la intervenciá¢án en la guerra a favor
de los aliados. Hasta ese momento, la
derecha conservadora norteamericana,
tradicionalmente aislacionista, habá¡áa
impuesto sus criterios. La conmociá¢án
provocada por la noticia del hundimien-
to del ”Lusitania• provocá¢á manifestacio-
nes antialemanas en Estados Unidos; el
presidente Woodrow Wilson enviá¢á una e-
ná‚árgica protesta a Berlá¡án y exigiá¢á que
Alemania reconociera haber violado el
derecho internacional y pagara una in-
demnizaciá¢án. Wilson exigá¡áa tambiá‚án el
cese de la guerra submarina y que los
combates se limitaran a la superficie.
Las autoridades alemanas se defendieron
dá‚ábilmente: alegaron que el ”Lusitania•
transportaba municiones y material bá‚álico para Gran Bretaá¤áa, y que su hundimiento constituá¡áa un legá¡átimo acto de
guerra. Sin embargo, má ás allá á de toda
argumentaciá¢án jurá¡ádica, a Alemania le
interesaba impedir que Estados Unidos
abandonara su neutralidad para volcarse
al bando de los aliados. De manera que,
el 6 de junio, el emperador Guillermo
II, dictá¢á un decreto por el cual Alemania renunciaba parcialmente a la gue-
rra submarina. La medida del ká áiser
provocá¢á gran malestar en la marina.
A fin de no te¬ner que enfrentarse a
las posibles rea¬cciones populares adversas, el ká áiser ordenará¡áa mantener
su decisiá¢án en un estricto secre¬to.
De todas maneras la guerra subma¬rina
pro¬siguiá¢á y el 24.3. 1916 el ”Sussex•,
otro barco britá ánico de pasaje¬ros era
hundido cerca de Folkestone; a co¬mienzos de ese mes, el crucero a¬lemá án ”Mowe•
habá¡áa regresado a puerto despuá‚ás de
hundir 16 buques enemigos en el A¬tlá ántico.
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