martes, 19 de agosto de 2014

El trabajo no deshonra

Espaá¤áa, 18.3.1783 -œ Carlos III prom­ulga una real cá‚ádula por la que se
decreta la honradez de oficios, es
decir, queda abolida la deshonra legal
del trabajo. Oficialmente, que no en
la mentalidad de los espaá¤áoles.
La sociedad espaá¤áola está á impregnada
del ideal nobiliario, incluso en las
clases má ás bajas. Algunos oficios
está án socialmente descalificado, e
incluso existá¡áan disposiciones leg­ales al respecto. El desprecio social
hacia los oficios mecá ánicos, la asp­iraciá¢án general a la ociosidad de
las clases altas, supone un grave
perjuicio para la economá¡áa espaá¤áola.
Aparte del desprestigio que se refleja
en los escritos de los visitantes
extranjeros que vis¬itan el paá¡ás.
No es igual en todo el reino. En el
litoral cantá ábri¬co no es incompati­ble el ejercicio de determinados of­icios con la pertenencia a la nobleza.
En Cataluá¤áa, Navarra y Castilla la
Nueva, el desprecio de oficios tampoco
es norma. La agricultu¬ra no se cons­idera un oficio vil, y el comer¬cio,
dado su desarro¬llo, no parece despr­eciable. En el sur, en cambio, la
cuestiá¢án vará¡áa notableme¬nte. Se pre­fiere pedir limosna o morir de hambre,
antes que tener un oficio ejercido
alguna vez por esclavos o por extra­njeros.
Quien reá£áne algá£án dinero, con un of­icio no considerado honroso, no tarda
en abandonarlo, sin meditar que este
abandono deja a la economá¡áa espaá¤áola
indefensa ante la competen¬cia extra­njera.
Sin embargo, aá£án tardará á mucho tiempo
en cambiar la sociedad, que quiere
ser o, al menos, parecer noble.

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