martes, 19 de agosto de 2014

En Utrecht se reordena Europa

Europa - 11.04.1713

La paz de Utrecht pone fin a la guerra
de Sucesiá¢án de Espaá¤áa.
Desde 1711 se inician las conversacio­nes entre Francia e Inglaterra que han
de conducir a la paz de Utrecht, acor­dada entre aquellas potencias y las Pr­ovincias Unidas, Prusia y Saboya.
La resistencia de Felipe V y del empe­rador Carlos VI, quiá‚án no desea reco­nocer al Borbá¢án co¬mo rey de Espaá¤áa, por
reivindicar á‚ál mismo sus derechos al
trono espaá¤áol, a aceptar las condicio­nes de Utrecht, demora el tá‚ármino del
conflicto hasta 1714. El 6 de marzo de
este aá¤áo se firma el tratado de paz de
Rastatt entre Austrias y Borbones, mie­ntras que otros tratados marcan el fin
de las contiendas entre Saboya, Holan­da, Portugal, Gran Bretaá¤áa y Espaá¤áa.
Segá£án las disposiciones de la paz de
Utrecht, Felipe V es reconocido como
rey de Espaá¤áa y las Indias; a cambio,
Espaá¤áa entrega a Gran Bretaá¤áa Gibraltar
y Menorca, firma el tratado de asiento
sobre la importaciá¢án de los esclavos
negros a las Indias por mercantes in­gleses y el derecho a enviar un  navá¡áo
de permiso a Amá‚árica del sur. Por otra
parte, Espaá¤áa entrega a Austria los Pa­á¡áses Bajos del sur y Luxenburgo, parte
del Milanesado, los presidios de Tos­cana, Ná ápoles y Cerde¬á¤áa. El imperio,
por su parte, garantiza a los electores
de Baviera y de Polonia la restituciá¢án
de todos sus territori¬os. La pá‚ár¬dida
de la supremacá¡áa hispá á¬nica en el Medi­terrá áneo occidental se completa con la
cesiá¢án al duque Ama¬deo de Saboya de la
isla de Sicilia. Asá¡á mis¬mo, Felipe V
renuncia a la co¬rona fran¬cesa, y los
prá¡áncipes france¬ses a la espaá¤áola. El
duque de Saboya tambiá‚án recibe de Es­paá¤áa una parte del Milane¬sado.
Francia reconoce la sucesiá¢án al trono
de la casa de Hannover en el nuevo Rei­no Unido, eli¬minando su ante¬rior apoyo
a los Estuar¬do. Por otro lado, Luis XIV
promete demoler las fortificaciones de
Dunkerque y cede la bahá¡áa de Hudson,
Acadia y Terranova, en Amá‚árica del Norte, y la isla antillana de San Cristá¢á­bal, que pasan a depender de gran Bre­taá¤áa. A pe¬sar de todo, Francia conserva
sin mo¬dificaciá¢án sus fronteras conti­nentales y queda confirmada su posesiá¢án
de Es¬trasburgo y Alsacia.
El hasta ahora prá¡áncipe elector de Bra­ndenburgo, Federico Guillermo I, es re­conocido rey de Prusia. ááste tiene que
ceder a Francia el principado de Oran­ge, pero recibe a cambio la Alta Gááel­dres espaá¤áola.
Las Provincias Unidas obtienen garan­tá¡áas para proteger su territorio y su
comercio con la creaciá¢án de una banda
territorial a lo largo de la frontera
flamenca (Furnes, Yprá‚ás, Menin, Tour­nai, Namur, Mons, Charleroi y Gante),
al mismo tiempo que mantiene cerrada
la desembocadura del Escalda. Juan V
de Portugal recibe algunos territorios
en la frontera del Brasil y la Guayana
francesa.
Las estipulaciones de Utrecht y Rastadt
cambian los preceptos polá¡áticos esta­blecidos en Westfalia (1648) y confir­man la decadencia del imperio espaá¤áol,
del alemá án e Italia, al mismo tiempo
que afirman la hegemoná¡áa britá ánica.

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