jueves, 21 de agosto de 2014
Escribir en España es llorar
Madrid, 1830 -œ Los Artá¡áculos de costumbres que firma Fá¡ágaro y se publican
desde hace dos aá¤áos en ”La revista espaá¤áola• y ”El observador•, de Madrid, constituyen ejemplos bastante insá¢álitos de la libertad de prensa que impera en Espaá¤áa tras la desapariciá¢án del
rey Fernando VII. Fá¡ágaro (seudá¢ánimo q¬ue oculta al escritor y comediá¢ágrafo
Mariano Josá‚á de Larra) arremete no sá¢álo contra los vicios polá¡áticos de su
paá¡ás, sino tambiá‚án contra la chatura
de su vida cultural, signada por la
nostalgia de un imperio perdido y el
folklore.
El clima provinciano que impera en la
literatura espaá¤áola de su tiempo le s¬ugiere una amarga reflexiá¢án: "Escribir en Espaá¤áa es llorar."
Hijo de un má‚ádico afrancesado, Larra
viviá¢á desde niá¤áo el exilio; tras la a¬mnistá¡áa de 1817, á‚ál y su familia volvieron a Espaá¤áa. Larra estudiá¢á medicina y despuá‚ás leyes, y abandoná¢á ambas
disciplinas para dedicarse a la literatura.
Sus cinco folletos costumbristas, que
firmá¢á como "El duende satá¡árico", le d¬ieron notoriedad, pero la censura impidiá¢á que se siguieran editando. Otra
de sus publicaciones periá¢ádicas, "El
pobrecito hablador", tambiá‚án fue prohibida por el gobiern¬o, en 1833. Su f¬ama de observador agudo e irreductiblemente crá¡ático se afirmá¢á con los artá¡áculos que firmaba Fá¡ágaro.
Escribiá¢á tambiá‚án teatro (”Macá¡áas•, 1833), novelas (”El doncel de don Enrique
el Doliente•, 1834) y poesá¡áas, pero donde su vigor y coherencia expresiva
resultan má ás puras es en sus artá¡áculos periodá¡ásticos, que se ocupan no sá¢álo de costumbres sociales, sino que
incluyen crá¡ática y teorá¡áa literarias,
comentarios polá¡áticos y breves ensayos lá¡áricos.
De una sá¢álida formaciá¢án neoclá ásica, L¬arra introdujo en la literatura espaá¤áola el espá¡áritu y la está‚ática del romanticismo. Üj ÜŒEn sus á£áltimos aá¤áos, su actitud combati¬va derivá¢á hacia las luchas polá¡áticas concretas: se presentá¢á como candidato del partido liberal y fue elegido diputado por Avila, pero la asonada de un grupo de sargentos de La Granja le impedirá¡áa asumir su cargo.
En 1830, L¬¬arra era un escritor y un personaje p¬¬olá¡ático incá¢ámodo, admirado
por los l¬ectores pero juzgado con una
despectiva acritud por la Academia y
sus acá¢álitos.
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