martes, 19 de agosto de 2014

María Teresa soberana de Austria

Imperio Romano Germá ánico - 18.10.1748

A los ocho aá¤áos de haberse declarado
la guerra de Sucesiá¢án austrá¡áaca y a los
tres de firmarse la paz de Dresde, en­tre Prusia y Austria, la Paz de Aquis­grá án pone fin a los enfren¬tamientos ar­mados entre Austria y sus aliados Gran
Bretaá¤áa, Paá¡áses Bajos y Cerdeá¤áa, por
una parte, asá¡á como Fran¬cia, con sus
aliados Espaá¤áa, Má¢ádena y Gá‚ánova, por
otra.
Tras la muerte de Carlos VI, la joven
de 23 aá¤áos Mará¡áa Teresa (1740-1780) ob­tiene la corona de los amplios terri­torios de los Habsburgo. Pero muy pron­to son discutidos los derechos a la su­cesiá¢án, a pesar de la Pragmá ática San­ciá¢án. Si bien los electores de Sajonia
y Baviera, y tambiá‚án Saboya, Ná ápoles
y Espaá¤áa elevan reclamaciones, es Fe­derico II de Prusia quiá‚án má ás rá ápida­mente establece sus pretensiones. Mien­tras sus diplo¬má áticos reclaman Silesia
a la soberana a acambio del reconocmi­ento de la su¬cesiá¢án, sus tropas pene­tran en el territorio codiciado (1740).
Este acontecimiento pone en movimiento
a las cortes europeas. Francia, en con­tra de su vieja enemiga, pacta con Pru­sia una ali¬anza ofensiva, a la que se
adhieren tambiá‚án Baviera y Espaá¤áa, esta
á£áltima con el objeto de reclamar para
el infante don Felipe los ducados de
Parma, Placencia y Toscana. Rusia e In­glaterra toman partido por Mará¡áa Tere­sa; el primero, por un antiguo pacto
de amistad, y el segundo, por los in­tereses de Jorge II en la sucesiá¢án han­noveriana.
Despuá‚ás de que el elector de Baviera,
Carlos Alberto, quiá‚án pretende la su­cesiá¢án de Austria, se instala en Pra­ga y se hace pro¬clamar emperador (17­42), Mará¡áa Teresa cede la ocupada Si­lesia a Federico II, ganá ándose de esta
manera la fidelidad de Hungrá¡áa e Ingla­terra. Esta á£áltima, ante la cada dá¡áa
mayor rivalidad colonial con Francia,
refuerza su alianza con Austria, en la
que tambiá‚án hace partá¡ácipe a Holanda
(1743). Pronto se unen a la Liga Pragmá ática Sajonia y el rey de Cerdeá¤áa. Por
su parte, Francia fortalece su alianza
con Espaá¤áa y Prusia. En 1745, Mará¡áa Te­resa hace elegir em¬perador a su marido
Francisco I. Sin embargo, la guerra de
Sucesiá¢án austrá¡á¬aca parece eternizarse,
por lo que Fra¬ncia decide acceder a las
negociacio¬nes para una paz, firmada en
Aquisgrá án, que preveen la res¬tituciá¢án
mutua de los territorios con¬quistados
desde el ini¬cio de la guerra.
Por este acuerdo, los estados belige­rantes reconocen la Pragmá ática Sanciá¢án
de 1713, asegurando la permanencia de
los territorios imperiales austrá¡áacos,
asá¡á como la sucesiá¢án femenina en el im­perio de los Habsburgo. Por su parte,
Mará¡áa Teresa se ve obligada, definiti­vamente, a renunciar a Silesia, conqui­stada por Pru¬sia. Asá¡á mismo, las poten­cias firmantes garantizan la sucesiá¢án
hereditaria han¬noverana en Gran Bretaá¤áa
y la elecciá¢án de Francisco I como em­perador de Ale¬mania. El prá¡áncipe Felipe
Farnesio re¬cibe de Austria los ducados
de Parma y Placencia, y el rey de Cer­deá¤áa consigue incrementar sus dominios
hasta el Ti¬cino y la Voghera. Por otro
lado, Fran¬cia devuelve los Paá¡áses Bajos
austrá¡á¬acos, asá¡á como los territorios
colonia¬les ocupados a los britá ánicos.
Aquisgrá án deja pendientes los problemas
de la supremacá¡áa colonial, en la que
rivalizan Inglaterra y Francia, y la
hege¬moná¡áa alemana, a la que aspiran Au­stria y Prusia.
 

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