jueves, 21 de agosto de 2014
Mendizábal: la iglesia paga la guerra
Espaá¤áa, 14.9.1835 -œ Juan Alvarez y Má‚ández, Mendizá ábal, es elegido para dirigir el gobierno espaá¤áol. Un ascenso tras su paso por el ministe¬rio de
Hacienda, en el anterior gabinete, dirigido por el conde de Toreno. Un ascenso en el que sigue controlando la
hacienda y los demá ás resortes del estado, con poderes casi dictatoriales,
al acaparar las carteras de Estado, Hacienda, Guerra y Marina.
Mendizá ábal participá¢á en la subleva¬ciá¢án de Riego, en 1820, y má ás tarde tuvo que emigrar a Inglaterra, donde amasá¢á una verdadera fortuna. El gobierno espaá¤áol, agotado econá¢ámicam¬ente por la guerra carlista, le llama para
tratar de poner en orden la hacienda.
No es una tarea fá ácil. Los daá¤áos de siglos no se pueden arreglar en pocos
meses.
Las primeras medidas de Mendizá ábal, al frente del gobierno, se dirigen a conseguir la sumisiá¢án de las juntas, que en las diferentes ciudades agrupa
a las burguesá¡áas liberales contra la
corona, deseosas de una mayor liberalidad, e incluso la vuelta a la constituciá¢án de 1812. Su liquidaciá¢án es facilitada por los decretos de 21.9.1835, que regulan la constitu¬ciá¢án de diputaciones provinciales. La autoridad soberana de las juntas se convierte en delegaciá¢án del poder central, al pasar sus miembros a formar parte de las diputaciones. Al mismo tiempo,
Mendizá ábal emprende la renova¬ciá¢án de
los mandos del ejá‚árcito y de los altos cargos de la adminis¬traciá¢á¬n, lo que le permite completar la desapariciá¢án de las juntas, de forma má ás o menos voluntaria.
Comienza una á‚ápoca de renova¬ciá¢án. Gá¢ámez Becerra sienta las bases de la nueva administraciá¢án de justicia, Martá¡án de los Heros reorganiza la milicia nacional, Mendizá ábal ordena la movilizaciá¢án general, de la que sá¢álo podrá án salvarse aquellos que paguen una cierta cantidad, y pone en marchaÜj Ü los recursos nacionales para poder finalizar la guerra. Inicia la desamortizaciá¢án.
Mendizá ábal restaura la legislaciá¢án desamortizadora de las etapas liberales de Fernando VII, completá án¬dola con
la devoluciá¢án de los bienes nacionales enajenados durante el Trienio Liberal, al mismo tiempo que promulga una serie de disposiciones legales que
declaran en venta los bienes raá¡áces de las comunidades religiosas extinguidas por el decreto del 11 de ocubre.
El producto obtenido debe destinarse
á¡ántegramente a la extinciá¢án de la deuda pá£áblica. A esto se unirá á en julio
de 1836 los decretos que extinguen los conventos de cualquier clase, aplicando sus bienes a la caja de amortizaciá¢án, y el decreto de nacionalizaciá¢án de los bienes del clero secular.
El objetivo inmediato de Mendizá ábal es crear una gran masa de propietarios, cuya existencia se apoye en el manteni¬miento de las actuales instituciones, bases para el rá‚ágimen isabelino.
Mendizá ábal caerá á a principios de 1836, pero volverá á en agosto del mismo aá¤áo tras el motá¡án de La Granja, en el
que tiene particip¬aciá¢án.
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