Madrid, 2.3.1977 - œLa flamante Espaá¤áa de la democracia se viste
de largo para recibir a los principales lá¡áderes del comunismo
europeo, que intervendrá án en una gran cumbre Eurocomunista.
El mismo paá¡ás en el que, hasta no hace mucho, se consideraba,
mitad en broma y mitad en serio, al menos dentro de ciertos
sectores de la poblaciá¢án, que los comunistas eran hombres con
rabo y con cuernos, a imagen de su seá¤áor natural, Sataná ás, se
extasá¡áa hoy con la discreta elegancia del secretario general del
partido comunista italiano, Enrico Berlinguer, asá¡á como con el
florido verbo florentino de su homá¢álogo francá‚ás, el lá£ácido y
apasionado Georges Marchais. El hecho de que Berlinguer, a su
cará ácter de lá¡áder del partido del proletariado le sume su condiciá¢án
de aristá¢ácrata de nacimiento, no ha servido para otra cosa que
para disipar las á£áltimas sospechas contra el moderno comunismo.
Marchais y Berlinguer se reunieron, en el hotel madrileá¤áo ”Eurobuilding•, con el secretario general del PC espaá¤áol, Santiago
Carrillo, para tratar allá¡á, en presencia de má ás de 500 representantes
de la prensa y demá ás medios de informaciá¢án, sobre las actuales
circunstancias del eurocomunismo en sus respectivos paá¡áses.
La expresiá¢án eurocomunismo, que naciá¢á en Italia a principios de
esta dá‚ácada, ha demostrado, en pocos aá¤áos, lo afortunado que
estuvo su creador. Este moderno y mesurado comunismo sin Lenin,
que todavá¡áa despierta acalorados furores entre muchos resignados militantes de las viejas guardias, acepta entrar en el juego de
las democracias occidentales, reniega de la teorá¡áa de que el
poder sá¢álo es posible si hay efusiá¢án de sangre y, á£áltimamente, ha
llegado a repudiar la mismá¡ásima expresiá¢án de dictadura del proletariado como finalidad primordial a alcanzar con sus esfuerzos.
En Madrid, los tres secretarios generales han acordado seá¤áalar
que, si bien hay numerosas semejanzas entre sus tres paá¡áses, las
diferencias son aá£án mayores, por lo que cada rama del eurocomunismo,
la italiana, la francesa y la espaá¤áola, tiene que adaptarse a la
realidad que impera en su entorno.
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