martes, 19 de agosto de 2014
Expulsión de los jesuitas
Espaá¤áa, 2.4.1767 -œ Carlos III decreta
la expulsiá¢án de los jesuitas, en una
pragmá ática sanciá¢án. Desde un dá¡áa
antes, las residencias jesuitas está án
rodeadas por gente armada, para
asegurar el cumplimiento de la orden.
La pragmá á¬tica sanciá¢án contempla la
expulsiá¢án de los jesuitas, no sá¢álo en
Espaá¤áa, sino tambiá‚án en las Indias,
en las islas Filipinas y demá ás
adyacentes. Para evitar cualquier
malentendido, se deja bien claro la
confianza, satisfacciá¢án y aprecio que
las demá ás á¢árdenes merecen al rey,
ajenas a los negocios de gobierno, a
que tan aficionados son los jesuitas.
La orden de expulsiá¢án tiene unos
precedentes claros en otros paá¡áses
(Portugal, 1759; Francia, 1762), y
encuentra una lá¢ágica justificaciá¢án en
que la orden sá¢álo debe obediencia
suprema al pontá¡áfice, algo dificil de
congeniar con un estado absolutista.
Sin embargo, esta no es la razá¢án
aducida oficialmente. Se les expulsa
por su implicaciá¢án en el motá¡án de
Esquilache, en abril de 1766, y por
su relaciá¢án con los sucesos de
Paraguay, durante el reinado de
Fernando VI, y la persecu¬ciá¢án de
Palafox, sin olvidar su aspiraciá¢án de
una monarquá¡áa universal. El proceso
se inicia en junio de 1766, cuando
Miguel Mará¡áa de Nava y Campomanes
elevan un informe denunciando la
participaciá¢án jesuita en el motá¡án. A
continua¬ciá¢án se crea una sala
especial, que presenta los cargos el
29.1.1767, aprobados el 20 de
febrero, con el beneplá ácito de
numerosos prelados. Carlos III decide
decretar por fin la expulsiá¢án el dá¡áa
27, encargando del asunto a Aranda.
Los jesuitas son embarcados rá ápidamente hacia los estados pontificios.
En noviembre, el marquá‚ás de Pombal
propondrá á que Portugal, Espaá¤áa y
Francia unan sus fuerzas para lograr
la disoluciá¢án de la compaá¤áá¡áa. Una
uniá¢án fructá¡áfera (á á 21.7.1773).
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