viernes, 22 de agosto de 2014

La revolución de Octubre

Rusia, 07.11.1917

Los guardias rojos, dirigidos por Leá¢án
Trotski, entran en Petrogrado y se apo­deran de los principales puntos de la
ciudad, poniendo fin de esta manera
al gobierno pro¬visional presidido por
Alexandr Kerenski. Este golpe de estado
coincide con la celebraciá¢án del II con­greso de los soviets, por lo que la
noticia sus¬cita un gran entusiasmo en­tre los dele¬gados. Tras la conquista
y a¬salto del palacio de Invierno, el
co¬mitá‚á mi¬litar revolu¬cionario asume el
poder, pero las propuestas de Lenin
en el con¬greso de los soviets referen­tes a la construcciá¢án de un estado so­cialista provocan la retirada de los
represen¬tantes moderados, que se nie­gan a legitimar el golpe de estado bol­chevique. La retirada de los social­demá¢ácratas, de los socialrevoluciona­rios y de otros representantes demo­crá áticos, permite a los bolcheviques
controlar totalemente la asamblea. Asá¡á,
los de¬legados presentes en el Congreso
aprue¬ban la proclamaciá¢án del estado
de los soviets, bajo la direcciá¢án de
un Con¬sejo de co¬misarios del pueblo,
presi¬dido por Le¬nin y dominado por los
bol¬cheviques. Este hecho culmina un
pro¬ceso revolu¬cionario que transforma
el viejo im¬perio zarista en la Uniá¢án
So¬viá‚ática.
Las conclusiones que sacan mencheviques
y bolcheviques de la fracasada revo­luciá¢án de 1905 son opuestas: mientras
que para los primeros, estrictamente
mar¬xistas, la condiciá¢án necesaria para
el desarrollo de un gran proletariado,
y la consiguiente revoluciá¢án socialis­ta, es el acceso a un estado capita­lista moderno, para los segundos, uni­camente el proletariado ruso, apoyado
por los campesinos, puede realizar la
transi¬ciá¢án hacia el socialismo. En el
periodo 1905-1917, Rusia se halla in­mersa en plena dictadura de la buro­cracia nobiliaria, de la policá¡áa, del
ejá‚árcito y de la iglesia ortodoxa; la
familia imperial, por su parte, some­tida a la influencia de Rasputá¡án; el
85% de los rusos viven en el campo en
situaciá¢án precaria. Sin embargo, se
ha ido formando un sistema capitalista,
con la apariciá¢án de los kulaks o campe­sinos propietarios y la existencia de
3,5 mi¬llones de obreros gracias al de­sa¬rrollo de la industria, en manos ex­tranjeras. Ya desde 1915, el imperio
ruso se en¬cuentra profundamente desor­ganizado: el ejá‚árcito sufre muchas pá‚ár­didads en la guerra, cuyo gasto desen­cadena la inflaciá¢án, asá¡á como la crisis
de los abastecimientos; hay escasez
de armas en el frente, se producen nu­merosas huelgas en las ciudades y al­gunos acu¬mulan grandes fortunas al am­paro del favor oficial. Se llega al
punto culminante de la crisis en el
invierno de 1916-1917, con la escasez
de todo en las ciudades, la subida de
precios, las intensas huelgas y las
numerosas desercio¬nes en el ejá‚árcito.
La burguesá¡áa, por su parte, pretende
eliminar a Nicolá ás II en favor de her­mano Miguel y Rasputá¡án es asesinado
en diciembre de 1916 para evitar la
revoluciá¢án popular. Mie¬ntras tanto,
en enero de 1917 la situaciá¢án es caá¢á­tica en el paá¡ás y las tropas comienzan
a amotinarse, pero el zar Nicolá ás II,
absorto por el mando supremo en el fre­nte de guerra, delega sus a¬suntos po­lá¡áticos en Petrogrado a la zarina y
su inepto gobierno.
Los o¬bre¬ros se lanzan, en febrero de
1917, a la calle, unos convocados por
los men¬cheviques y otros por los bol­chevi¬ques, en apoyo de la Duma, sus¬¬­pendida por el zar, por la formaciá¢án
de un go¬bierno de salvaciá¢án nacional
y recla¬mando pan, extendiá‚ándose hasta
tomar un cará ácter polá¡ático cuando se
exige un cambio de gobierno y el fin
de la guerra. Existe un gran vacá¡áo de
poder, que es parcialmente cubierto
por estructuras organizativas surgidas
de las fá ábricas, de los cuarteles y
de la duma, que intenta encabezar el
proceso de cambio. La re¬voluciá¢án de
febrero triunfa despuá‚ás de sublevarse
las tro¬pas y de dimitir el gobierno
imperial. Inmediatamente, los jefes
socialistas constituyen el soviet de
Petrogrado, a la vez que la Duma, to-
davá¡áa dudosa de asumir el po¬der, elige
un comitá‚á pro¬visional. Des¬puá‚ás de la
bdicaciá¢án del zar el 15 (2 de marzo),
los libe¬rales forman un go¬bierno pro­visional, que establece las libertades
democrá á¬ticas, presi¬dido por el prá¡áncipe
Lvov. Este organismo y el soviet llegan
a un cierto compromiso, aunque los se­gundos siguieron contro¬lando la ac¬ti­vidad econá¢ámica y el a¬provisionamien­to. De hecho existen dos poderes en­frentados: nobles y burgue¬ses, por un
lado, y cla¬ses populares por otro. La
llegada de Lenin, gracias a la ayuda
del Reich alemá án, agudiza este enfren­tamiento, al lograr conven¬cer a los
bolcheviques con sus cá‚álebres Tesis
de abril (nimguna concesiá¢án a la po­lá¡ática de defensa ancional; las dos
etapas de la revoluciá¢án, la burguesa
y la proletaria; ningá£án apoyo al go­bier¬no pro¬visional; los bolcheviques,
en monorá¡áa; el poder para los so¬viets;
nacionalizaciones; adopciá¢án del tá‚ármino
comunista; creaciá¢án de una internacio­nal revolucionaria y creaciá¢án de una
repá£áblica de clase). El gobierno pro­visional, falto del a¬poyo popular e
incapaz de imponer su autoridad, de­cide admitir a ministros socialistas
moderados, quienes quedan comprometidos
-con un gobierno belic¬ista e ineficaz-
ante las masas. De esta forma, aunque
en el primer congreso de los soviets
(16 de junio), los socialistas revo­lucionarios y los moderados disponen
de una aplia mayorá¡áa, los bol¬cheviques,
al exigir que todo el poder pase a ma­nos de los soviets, se pre¬sentan como
á£ánicos de¬fensores de los interes de
las clases populares. Los bolcheviques,
que dis¬ponen de gru¬pos armados, inten­tan una insurrecciá¢án es¬pontá ánea desde
el 16 (3) hasta el 18 (5) de julio;
pero fra¬casa y desen¬ca¬dena la represiá¢án
contra los bolche¬viques. El poder se
sigue de¬bilitando.
Lvov dimite y es sustituido por Kerens­ky, que forma un cobierno compuesto
en su mayorá¡áa por socialistas modera­dos. Mientras tanto, se celebra el VI
Congreso del partido bolchevique, cuyo
comitá‚á central, formado por Lenin, Tro­tski, Ziná¢áviev, Ká ámenev y otros, se
dedica a preparar la insurrecciá¢án, ante
la ineficacia de la vá¡áa pacá¡áfica. Gra­dualmente, el nuevo gobierno, incapaz
de restablecer el orden e imponer su
autoridad, es abandonado por los con­servadores, partidarios de un poder
fuerte. A principios de septiembre se
produce un intento de golpe de estado
del ge¬neral Kornilov, que es abortado
por la determinaciá¢án de los bolchevi­ques, lo que aumenta su influencia. A
consecuencia del fracasado golpe se
crea un Preparlamento y se reconstruye
un á£áltimo gobierno Kerenski, que no
puede frenar el empuje de los bolche­viques, quienes logran asumir el poder
de los soviets en las ciudades. Ante
estos acontecimientos, Lenin juzga que
ha llegado la hora de tomar el poder
y que es necesario desencadenar la su­bleva¬ciá¢án armada sin esperar al congre­so de los soviets previsto para noviem­bre. Los bolcheviques crean un comitá‚á
mi¬litar re¬volucionario (CMR), en el
seno del soviet de Petrogrado, presi­dido por Tro¬tski y destinado a encauzar
la insurrec¬ciá¢án. La guardia roja, los
ma¬rinos de la flota del Bá áltico y sol­dados de la guarniciá¢án y del frente
nor¬te, son acantonados. El 6 de novi­embre, el CMR lanza  una proclama en
Petrogrado, ante la cual, Kerenski re­á£áne las tropas (cadetes) ante el pa­lacio de Invierno, del que posterior­mente huirá á ante la amenaza del crucero
Aurora. Frente a este acontecimiento,
el Preparlamento se muestra neutral.
Del 6 al 7 de noviembre, los bolche­viques, al frente de 10000 hombres,
toman la ciu¬dad. Mientras se abre la
sesiá¢án del soviet de Petrogrado y, má ás
tarde, la del II congreso de losa so­viets, el crucero Aurora procede al
bombardeo del palacio de Invierno, que
es ocupado a la maá¤áana siguiente (8
de noviembre). Los antiguos ministros
son apresados y el poder es controlado
por los bol¬cheviques. Al mismo tiempo
y mientras los fun¬cionarios de los mi­nisterios se decla¬ran en huelga contra
el nuevo poder, la duma municipal de
Petrogrado, junto con el sin¬dicato de
ferroviarios y los mencheviques hacen
un llamamiento contra los bolcheviques.

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