viernes, 22 de agosto de 2014

A la derrota por el desgaste


Francia, 21.2. 1916 -œ La artillerá¡áa a-
lemana inicia el bombardeo sistemá ático
œde la plaza fortificada de Verdá£án, jun-
to al Mosa. Se inicia asá¡á una de las
má ás feroces y sangrientas batallas de
la historia. El ataque respondá¡áa a un
plan cuidadosamente elaborado por el
estado mayor alemá án: segá£án las previ­siones del general Erich von Falken­hayn, los franceses habá¡áan llegado al
lá¡ámite de sus recursos materiales y hu-
manos; obligá ándolos a desgastar el res-
to en una gran batalla, se decidirá¡áa
el curso de la guerra. Desde diciembre
del aá¤áo anterior, Falkenhayn habá¡áa con-
centrado en las cercaná¡áas de la plaza
fortificada numerosos cuerpos de ejá‚ár-
cito y poderosas baterá¡áas. La maniobra
no fue advertida a tiempo por el alto
mando aliado, a cargo del mariscal Jo-
seph Joffre y, por otra parte, los ale-
manes se encargaron de cortar los ca-
minos y las lá¡áneas de ferrocarril que
pudieran comunicar el frente con el
centro de Francia. Los alemanes se a-
presuraron a lanzar la ofensiva para
evitar que entraran en combate las tro­pas britá ánicas enviadas como refuerzo.
El ejá‚árcito germano comenzá¢á por batir
masivamente el terreno con 1 400 piezas
de artillerá¡áa, pero despuá‚ás de dos dá¡áas
de lucha sá¢álo habá¡áan conseguido avanzar
7 km, ante la dura resistencia de los
defensores, librados en gran medida a
sus propias fue¬rzas. La á£ánica vá¡áa a­bierta para recibir refuerzos y pertre­chos era la que uná¡áa a Verdá£án con Bar-
le-Duc, convertida por la propaganda
patriá¢ática francesa en una ruta sagra­da. Detenidos en la cuesta del Poi¬vre,
los atacantes no pudieron avanzar
ni un metro hasta marzo, cuando consi-
gueron trasladarse a la orilla izquier-
da del Mosa. Entre el 9 y el 10 de a­bril la ofensiva quedá¢á una vez má ás em-
pantanada. Los alemanes iniciaron en-
tonces la operaciá¢án de desgaste propia-
mente dicha: las posiciones francesas
fueron sometidas a un bombardeo conti-
nuado, al tiempo que se lanzaban con-
tra ellas ataques aislados de la infan­terá¡áa. Pero el ejá‚árcito francá‚ás resis-
tiá¢á; el 1 de julio, por otra parte, Jo-
ffre lanzá¢á y mantuvo durante cuatro me-
ses una ofensiva en el Somme, que obli­gá¢á a los alemanes a distraer fuerzas
cada vez má ás numerosas. De esta manera,
los atacantes de Verdá£án quedaron priva-
dos de los medios inicialmente previs­tos. Joffre habá¡áa combinado con los ru-
sos la iniciaciá¢án de las acciones en
el Somme, para hacerla coincidir con
una ofensiva rusa en Galitzia. El 24
de junio, una reacciá¢án francesa en Ver­dá£án inmovilizá¢á al grueso de las fuerzas
alemanas en Souville: ese hecho, que
sellará¡áa la suerte de la batalla, desa-
lentá¢á en buena medida a las fuerzas
alemanas, que se lanzaron a un desespe-
rado contraataque el 12 de julio. A
partir del 4 de agosto, los franceses
estuvieron en condiciones de avanzar
y reconquistaron sucesivamente Souvi­lle, Froideterre y finalmente, el 24
de octubre, Douamont. Para entonces,
los alemanes habá¡áan perdido toda espe­ranza de victoria en Verdá£án. Entre a­gosto y diciembre de 1917, las fuerzas
aliadas desplegaron una ofensiva metá¢á­dica que reconquistá¢á todo el territo­rio de la orilla izquierda del Mosa y
alejá¢á definitivamente toda amenaza so-
bre la plaza fortificada. Las pá‚árdidas
que ambos bandos sufrieron en Verdá£án
fueron cuantiosas: sá¢álo en el perá¡áodo
que va de marzo a mayo de 1916, los
franceses utilizaron en la batalla ca-
si dos millones de toneladas de mate-
rial bá‚álico y 66 divisiones. Entre fe-
brero y junio, los franceses perdieron
350 000 hombres, y los alemanes unos
280 000. Las previsiones del alto man-
do germano respecto al desgaste que
sufrirá¡áan los franceses tuvieron una
paradá¢ájica confirmaciá¢án; el desgaste
existiá¢á, pero la batalla de Verdá£án sig­nificá¢á para Alemania una derrota estra-
tá‚ágica de la que ya no se repondrá¡áa.
El desastre de Verdá£án no pudo ser con­trarrestado por los á‚áxitos parciales
obtenidos por Alemania en el frente o-
riental (conquista de Rumania). El pre­stigio de von Falkenhayn decayá¢á inevi­tablemente: en agosto, el jefe militar fue reemplazado por Paul von Hindenburg
(1847-1934). La polá¡ática de desgaste
no alcanzaba ya por igual a las dos po-
tencias enfrentadas: la producciá¢án de
la industria bá‚álica aliada no dejaba
de crecer y alcanzaba altas cotas de
perfeccionamiento, mientras la de los
imperios centrales tená¡áa dificul¬tades
para mantenerse en los niveles del aá¤áo
anterior.

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