jueves, 21 de agosto de 2014

América para los americanos


Washington, 2.12.1823 - œœEn su mensaje
anual al congreso, el presidente nor­teamericano, James Monroe (*1758, Vi­rginia - + 1831, Nueva York), anuncia
que Estados Unidos no aceptará á ningu­na intervenciá¢án de las potencias eur­opeas en el Nuevo continente. El anu­ncio del presidente Monroe se dirige,
de manera especial, a los gobiernos d­e Francia y Rusia, aliadas a Espaá¤áa,
y a Inglaterra, cuya polá¡ática coloni­alista rechaza. La consigna de "Amá‚ár­ica para los americanos", lanzada por
Monroe, constituye un intento de leg­itimar el control de Estados Unidos s­obre el conjunto de los paá¡áses de Am­á‚árica latina. Al mismo tiempo, el me­nsaje presidencial ratifica la volun-
tad de los grupos má ás conservadores
de EUA de permanecer al margen de los
conflictos europeos. El aislacionis-
mo forma parte del programa polá¡ático
de los republicanos, y Monroe es uno
de los teá¢áricos de ese programa. A
partir de la doctrina Monroe, Esta-
dos Unidos dispondrá¡áa de un elemento
clave para dirigir su polá¡ática de do-
minio en el continente, y de manera
má ás acentuada en Amá‚árica central y en
Má‚áxico. Hace ya dos dá‚ácadas, Monroe
intervino activamente en las negocia-
ciones por las cuales Estados Unidos
comprá¢á Lousiana a los franceses, y ya
desde la presidencia, en 1819, consi-
guiá¢á que Espaá¤áa cediera a la Uniá¢án la
pená¡ánsula de Florida. En realidad, la
actitud aislacionista respecto de Eu-
ropa y el flagrante intervencionismo
en Amá‚árica latina formaban dos aspec-
tos complementarios de la polá¡ática e­xterior norteamericana, diseá¤áada ya
por George Washington en su discurso
de despedida de la presidencia, en
1796. Para Monroe, los paá¡áses lati-
noamericanos formaban parte del á área
geográ áfica en la que la hegemoná¡áa
norteamericana no toleraba intromi-
siones, una especie de patio trase-
ro del imperio en formaciá¢án. Este á£ál-
timo aspecto de la doctrina Monroe noÜj   ÜŒhizo má ás que acentuarse cuando Esta-
dos Unidos se vio compelido a aban-
donar el aislacionismo para interve¬n­ir, y de una manera decisiva, en las
dos conflagraciones mundiales. Sin
embargo, tambiá‚án el aislacionismo pe­rdurará¡áa como una constante ideo-
lá¢ágica de los conservadores norteame-
ricanos.

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