jueves, 21 de agosto de 2014
Se pone fin al Trienio Liberal
Espaá¤áa, 1.10.1823 -œ Fernando VII es puesto en libertad por los diputados que le retená¡áan en Cá ádiz, tras obtener
la promesa de que no se perseguirá¡áa a
los liberales. Una promesa vana. El trienio liberal ha llegado a su fin, y
con á‚ál se inicia la gran represiá¢án sobre los libera¬les. La ayuda francesa
de los Cien Mil Hijos de San Luis ha
dado los frutos apetecidos.
El 9.3.1820, Fernando VII se ve obligado a jurar la constituciá¢án de 1812,
tras la victoria de la revolu¬ciá¢án liberal, encabezada por el comandante Riego, que se levanta en Cabezas de San Juan. Poco a poco se restablecen las instituciones del primer perá¡áodo constitucional, se forma un gobierno,
presidido por Pá‚árez de Castro-Argááelles, y en el mes de julio se convoca
a cortes. Sin embargo, los libera¬les
se hallan divididos en su propio seno. Moderad¬os y exaltados luchan por imponer sus propios criterios. Los primeros, partidarios de una transiciá¢án
en que la corona participe en el proceso reformista. Los segundos, que consideran imposible tal colaboraciá¢á¬n,
y desean ver reducidas las funciones
del monarca a las meramente ejecutivas.
En los dos primeros aá¤áos se imponen los moderados. Sus primeras medidas se
dirigen a concluir las reformas interrumpidas en la anterior etapa liberal, liquidando los instrumentos de dominio social de los estamentos privilegiados, ademá ás de completar la organizaciá¢án administrativa con la promulgaciá¢án de un nuevo cá¢ádigo penal y
una nueva divisiá¢án territorial. El 27.9.1820 se suprimen todas las clases
de vinculaciones, con la consecuencia
inmediata del cese del pago de las rentas seá¤áoriales. Junto a esto se reforman las á¢árdenes monacales, y se intentan las primeras medidas para acabar con el sistema fiscal propio de
la iglesia. La oposiciá¢án del rey y una fuerte resistencia a algunas de eÜj Ü®stas medidas impide el desarrollo de
las normas liberales.
Mientras los exaltados intentan apartar del poder a los gabinetes moderados de Bardajá¡á y de Martá¡ánez de la Rosa, comienzan a formarse partidas absolutistas en diversos lugares de la
pená¡ánsula. La Guardia Real se rebela
e intenta asaltar la corte desde el Pardo (7.7.1822), y se forma una regencia en Urgel, que por propia iniciativa se atribuye el gobierno del paá¡ás
mientras Fernando VII siga privado de
libertad.
La rebeliá¢án de la Guardia Real lleva
al poder a los exaltados, que no dudan en tomar las má ás duras medidas, como lo demuestra la campaá¤áa de Mina,
que destruye Castellfullit y obliga a
la regencia a marchar a Francia. La oposiciá¢án absolutista sá¢álo tiene pues
una salida, lograr la intervenciá¢án extranjera, para restaurar a Fernando
como rey absolutista. Y lo logra.
El pronunciamiento de Riego y la restauraciá¢án liberal tiene imitadores fuera de Espaá¤áa, y eso asusta a las potencias europeas. Asá¡á, se acuerda en
Troppau (1820) el derecho a intervenir en los asuntos internos de aquellos estados en que un movimiento revolucionario modifique el rá‚ágimen legá¡átimo. Por eso, en el congreso de Verona se confá¡áa en Francia para intervenir en Espaá¤áa y liberar a Fernando VII de las cortes y de los liberales.
La expediciá¢án, que reá£áne a 132 000 hombres, los Cien Mil Hijos de San Luis, precedida de las partidas absolutistas, no encuentra prá ácticamente resistencia. Las cortes se retiran a Sevilla, y luego a Cá ádiz, llevá ándose consigo al rey. Pero el sitio de Cá ádiz
no deja al gobierno má ás alternativa que pactar con Fernando VII. El decreto real, lleno de ofrecimientos y de
promesas de olvido general, completo
y absoluto de lo pasado, sin excepciá¢án alguna, no se pone nunca en prá áctica.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario