jueves, 21 de agosto de 2014

Los jeroglíficos al descubierto


Francia, 1822 - œEl egiptá¢álogo francá‚ás
Champollion re¬vela el desciframiento
de los jeroglá¡á¬ficos egipcios, ilegibles
durante quin¬ce siglos, mediante una c­arta que es¬cribe al seá¤áor Dacier, de
la Academia de ins¬cripcio¬nes, donde e­xpone los pri¬ncipios de la escri¬tura
egipcia que a¬caba de descubrir, faci­litando asá¡á el camino a la moderna e­gipto¬logá¡áa.
Jean-Franá‡áois Champollion (Figeac, 17­90), conocido como Champollion el Jo­ven, desde muy niá¤áo siente atracciá¢án
por las inscripciones jeroglá¡áficas y,
con la intenciá¢án de descifrarlas, se
aplica a la profundizaciá¢án de las len­guas orientales conocidas. Tan sá¢álo ti­ene dieciseis aá¤áos cuando presenta a
la academia de Grenoble una memoria en
la que afirma estar convencido de que
el copto no es má ás que una forma tardá¡áa
de la lengua empleada en el antiguo E­gipto. Seguidamente, Champollion emp­rende el estudio de la piedra de Rose­tta, a partir de una reproducciá¢án, que
le permite identificar los nombres de
cada uno de los personajes de la este­la. áásta lleva la copia de un decreto
honorá¡áfico de Ptolomeo V (s II a. de
C.), inscri¬to en caracteres griegos,
demá¢áticos y jeroglá¡á¬ficos. Compara estos
tex¬tos, en particular los cartones de
Pto¬lomeo y Cleopatra. Partiendo de esta
base, que no ofrece dudas para la in­terpretaciá¢án, Champollion estima que
se trata del mismo texto y establece
una lista de correspondencias entre los
signos de los diferentes escritos. De
esta forma, llega a identificar con to­da certeza las primeras letras, hasta
completar el alfabeto que ha ido for­mando y se decide a escribir su carta
a M. Dacier, secretario per¬pá‚átuo de la
Academia Real de las Ins¬cri¬pciones y
Bellas Artes, sobre el al¬fabeto de los
jeroglá¡áficos foná‚áticos. Prosigue sus
trabajos y en 1824 escribe un ”Compendio
del sistema jeroglá¡áfico•, donde demues­tra que los jeroglá¡áficos egipcios pue­den ser a la vez objetos y sonidos, esÜj Ü decir, que combinan los principios de
la ideografá¡áa y del fo¬netismo, permi­tiendo todo tipo de sutilezas. Como en
todas las escrituras primitivas, su o­rigen es pictográ áfico y se representa
por un signo-palabra, procedimiento que
solo permite inter¬pretar algunas ideas
materiales. Al mi¬smo tiempo que expresa
la idea, se con¬sidera la posibilidad
de que cada signo sugiera el sonido co­rrespondiente a esa idea.

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